EL RODANO

No era una casa en realidad  , no era ni siquiera un rancho porque quedase fuera del pueblo. Era o fue un molino de caña abandonado pero con las instalaciones intactas: Rampas, canales, para el agua, molino y calderas.

Nunca entendí por qué mi madre  aceptó ir a vivir a ese lugar. Que fue para cuidarlo.Quizá tenia 21 años de edad y yo  apenas los tres. fue poco lo que duramos ahí, ni siquera un año. Un pequeño cuarto y cocina era todo, por más que me esfuerzo, no puedo recordar que hacía élla. Yo me salía de la casa y caminaba por entre los zurcos de una milpa enorme y recolectaba tomatitos de unos que les llaman milperos con los que mi madre preparaba salsas.

La gente contaba que en ese lugar habían muerto varios trabajadores en accidentes y también creían que » espantaban «, que los muertitos vagaban por la vieja construcción.  La propiedad estaba limitada por una línea de árboles que parecen de la familia de las coníferas pero no crecen tanto. Algunas ramas se extienden en exceso y se cubren de polvo. les llaman cascuarinas.

De día todo era bonito aunque nadie nos visitara. Un día vinieron unas gentes con dos yuntas y arados para preparar la tierra de la milpa y sembrar. Yo mareaba a los trabajadores con mis preguntas:  De que hacen las coyundas ?   De piel de res.  y qué es una res ? Son como los bueyes que traemos en la yunta.  Y por qué  es yunta ?  Porque son dos….. Hasta que mi madre me llevaba con élla para que los dejara trabajar..

No había electricidad y nos alumbrabamos con un  » aparato «, un bote de lámina con una mecha, que quemaba petróleo o kerosene. Solo contabamos con uno, así que si íbamos a la recámara o a la cocina, ahí iba mi madre con el aparato y yo prendido a su falda.

Hoy, 60 años después  me estremecen los atardeceres, cuando ya no es de día y tampoco de noche. Cualquier arbusto lejano movido por el viento semeja una persona que avanza. Mi madre cantaba himnos religiosos con una voz  chillona y desentonada para controlar su miedo y también rezaba el Magnificat,una oración que élla llamaba  » La Magnifica «… Proclama mi alma la grandeza del…. Luego el viento apagaba nuestra luz, el aparato de Kerosene y yo me aferraba a su falda y nos quedabamos quietos en la obscuridad.

Me enfermé, dijeron que de espanto, y mi abuela Bone , siempre mi abuela, me llevó con una curandera. De estas curaciones recuerdo como en un sopor que me hundía en unas aguas muy tranquilas, pesadas . La mujer me llamaba,  ven  ven,  no te vayas. No te vayas.

Río Verde, antes El Palmar

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